dijous, 22 d’octubre de 2015

Balentina, Profesora de francés en la Universidad de medicina de Kirov


 

Tuvo que ser la hebrea fortaleza
quien asaltó mi ígnoto refugio
aniquilando a golpes de ternura
mi torpe, burda e inútil resistencia.

Y cayó al fin, a sus pies derrotada
la esfinge de una raza, vencedora,
hierática y soberbia, sabedora
de hallarse sometida y maniatada.

Vino de lejos mi gentil señora,
cruzó una Europa dubitativa y rota
para clavarse, haciendo mil añicos
mi corazón de hielo endurecido.

Y vivo ya, siempre anhelando el día

de retomar el pulso cotidiano

y de tener, ya siempre, entre mis manos

aquella que venció mi desatino.


Moscow, 20 de març de 1990

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